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Maria de Lourdes

Victoria

I am a bilingual writer born and raised in Veracruz, Mexico, currently residing in the state of Washington. I write novels, short stories and children’s books. I wrote my first novel, Los Hijos Del Mar (The children of the sea) because I wanted my sons to know their ancestry and to be proud of their heritage. The story, set during the late nineteenth century in México and in Spain, is based on the lives of my ancestors, the Victorias, who made a name for themselves in México’s pharmaceutical industry, and the Muguiras, Spanish immigrants who found success cultivating and trading coffee seeds. The novel weaves both families’ sagas into a shared destiny and their intertwined tales becomes, finally, the love story of my parents. Click here to read a chapter of Los Hijos del Mar.

My second novel, Más allá de la Justicia (Beyond Justice) is a farewell to my former profession as a litigator. Through the first-person narrative of my three characters, I bring my reader into the harsh world of our criminal justice system, the complex lives of the accused, and the people who work, relentlessly, in the pursuit of justice. While the novel is not a memoir, my work as a public defender influenced my writing, and the process became therapy, allowing me to understand how the experience had shaped me. Click here to preview Mas Alla De La Justicia

A number of literary journals have published my short stories. The theme that seems to permeate my prose in that genre is the struggle that Latinos face in the United States. My characters are often working women trying to survive in a country that is not their own. The inspiration for the stories often comes from the people I try to help in my current work as a mediator.

I particularly enjoy writing for children. I find the process uplifting, and a good source of balance, especially when the substance of my adult work is often dark, and daunting. The more I explore and learn about this genre, the more it calls to me, especially when I am around my grandchildren, who are my best, and most devoted audience.

El artista Manga

En algún momento Lucas, el artista de dragones, decidió pintar retratos de sus amigos al estilo Manga. En la escuela, durante el recreo, comenzó a dibujar sus caricaturas y hoy día todos tienen sus autorretratos.

El sábado pasado a Lucas se le ocurrió que quizás a alguien le gustaría contratarlo para hacer su retrato.

–Quizás puedo vender mi arte – me dijo, esperanzado.

–Podrías poner un puesto y vender tu arte en lugar de limonada– respondí.

Era un día soleado y con la ayuda de sus hermanitos, Lucas puso su puesto en la banqueta, justo enfrente de su casa. Yo fui su primera cliente y aquí les comparto mi autorretrato. El artista y sus ayudantes atendieron el puesto por casi dos horas pero la chamba estuvo floja. Solo llegó un cliente pero traía prisa por lo que no podía sentarse a posar para que Lucas lo dibujara.

–¿Qué tal que te compro ese dibujo? – preguntó, señalando el dibujo que tenía como muestra. Era su esbozo más preciado. Lucas no sabía como contestar y yo adivinaba su dilema: No quería partir con su obra de arte.

–Tengo una idea– le dijo al comprador –.  Tengo otro dibujo que tiene más colores. De seguro le gustará más. ¿Quiere verlo?

–Está bien – contestó el señor–. La verdad es que no soy muy buen conocedor del arte.

   Lucas corrió a la casa y regresó con su dibujo a colores. El cliente ofreció $5.00 y mi nieto apenas si podía creer su suerte. Había logrado su primera ganancia con su pincel. No cabía en si de alegría, y de orgullo. Sus ayudantes, Benjamín y Josefina, rápidamente pintaron garabatos y se los ofrecieron al señor. Aquél pagó un dólar más y con ello se convirtió en coleccionista de arte. Todos quedaron contentos.

Ese día el artista de dragones aprendió dos cosas importantes:

1.     El arte no es algo que se pueda valorar

2.     En cada obra de arte que creamos hay un pedazo de nuestra alma.

Yo también aprendí algo: de ahora en adelante consumiré cuanta limonada, galletas, o chucherías me vendan los enanos en las calles.

 

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LAS PRESENTACIONES EN SEATTLE

(El crédito de todas las fotos va para Gerardo Janitzio García

Presentamos la novela en Seattle en las dos bibliotecas que han sido mis albergues sagrados. El sábado 22 de Octubre estuvimos en la biblioteca de mi "barrio" que es la biblioteca de Newcastle en el Condado de King. Al día siguiente, la llevamos a la biblioteca pública de Seattle, que es la cuna de Seattle Escribe, el grupo de escritores que escribimos en español. 

En la Biblioteca del condado de King - Newcastle con algunos autores de Seattle Escribe y nuestra querida Teresa Luengo Cid (segunda de izquierda a derecha) quien nos abrió las puertas. 

En la Biblioteca del condado de King - Newcastle con algunos autores de Seattle Escribe y nuestra querida Teresa Luengo Cid (segunda de izquierda a derecha) quien nos abrió las puertas. 

En la Biblioteca Pública de Seattle con algunos autores de Seattle Escribe, nuestra amada bibliotecaria Marcela Vodall (quinta de derecha a izquierda) y Flor Alarcón, amiga oaxaqueña y activista de los derechos de los latinos en el estado de WA. 

En la Biblioteca Pública de Seattle con algunos autores de Seattle Escribe, nuestra amada bibliotecaria Marcela Vodall (quinta de derecha a izquierda) y Flor Alarcón, amiga oaxaqueña y activista de los derechos de los latinos en el estado de WA. 

Se oye mal que yo lo diga, pero es la verdad: ambas presentaciones fueron hermosas y eso gracias a la generosidad de muchas personas a quienes quiero harto. Los recintos se llenaron ¡no alcanzaron las sillas! Espero que ahora sí haya quedado claro (ojalá también para las editoriales) que habemos muchos residentes hispanohablantes en Estados Unidos que apreciamos la literatura escrita EN ESPAÑOL. Las traducciones (algunas) son buenas, pero definitivamente hay mercado para el consumo de novelas escritas por autores que eligen escribir en la lengua de Cervantes, a pesar de vivir lejos de nuestras patrias. 

¡Hay tantos seres queridos a quien debo agradecer! Primeramente a mi amiga y colega, la autora Elena Camarillo, quien de la manera más desinteresada ofreció ayudarme con los eventos, ya que yo estoy trabajando en California. Ella, que sabe armar las pachangas más divertidas, rápidamente organizó las dos fiestas. La ayudaron mi grupo de escritores, "Eñes en Seattle" quienes me presentaron con una reseña espectacular que abajo les comparto. 

El espacio en la  Bibliotecas King County se lo debemos a la bibliotecaria Vicky Woods y a Teresa Luengo Cid quien está a cargo de los programas de la biblioteca en en español. El espacio de la biblioteca pública de Seattle lo logramos por nuestra hada madrina, la bibliotecaria Marcela Vodall, cuya misión ha sido abogar por la literatura en español y apoyar a los autores que la escribimos. Sin ella seguiríamos "homeless in Seattle".

Casa llena 

Casa llena 

Nos compartieron su música los mismos escritores de Seattle Escribe. Y es que así son: artistas que no sólo escriben sino que además tocan instrumentos, o cantan, o bailan;  en otras palabras: embajadores del arte. Mi querida Jacque Larrainzar nos sorprendió con una canción que escribió inspirada en mi novela!!!! Imagínense qué regalo! Y Jose Luis Buen Abad nos deleitó tocando una canción barroca con su flauta, por ser el mismo instrumento que toca mi personaje en la novela.

La cantante Jacque Larrainzar 

La cantante Jacque Larrainzar 

El autor y músico Jose Luis Buen Abad

El autor y músico Jose Luis Buen Abad

Una amiga muy querida Barbara Rodriguez, también autora de Seattle Escribe, me presentó al artista oaxaqueño Ful Lazo, líder de la comunidad oaxaqueña en Seattle y promotor de la cultura oaxaqueña en el Noroeste. Él nos trajo a los bailadores del Grupo Cultural Oaxaqueno para que nos deleitaran con su bellísima danza. No quisieron cobrar un centavo! 

Con el reconocido y apreciado artista oaxaqueño Fulgencio Lazo y el grupo cultural oaxaqueño.

Con el reconocido y apreciado artista oaxaqueño Fulgencio Lazo y el grupo cultural oaxaqueño.

Barbara Rodriguez nos prestó su ojo experto con la cámara y los videos y también el fotógrafo Gerardo Janitzio García quien se lleva las palmas por todas las fotos en este blog.

Además de la danza compartimos el book-trailer que mis colegas José Lumero y Elena Camarillo crearon. A pesar que dicho proyecto conlleva muchas horas de trabajo, rehusaron remuneración alguna. Aquí el VIDEO.

Otra amiga oaxaqueña Flor AlarconAve, activista en nuestra comunidad latina preparó el chocolate con la receta de su familia! El poeta Bau Garcia también llevó chocolate  y alguien más trajo el plan de yema, hecho con una receta especial!!!

La receta del pan de yema hecha justo como aparece en la novela.

La receta del pan de yema hecha justo como aparece en la novela.

Mi hermanita Silvia Victoria Riley la hizo de "cajera" en la mesa de ventas.

Con mi hermanita Silvia Riley

Con mi hermanita Silvia Riley

El espacio se llenó de amigos, familia y lectores que vieron a bien acompañarme, a pesar de ser un día de otoño hermoso y soleado, como pocos. Me reglaron VIDA y eso lo aprecio, no saben cuánto. Al final, la presentación fue OTRO evento de puro amor. MUCHISIMAS GRACIAS a todos los que me acompañaron, y a los que me echaron porras desde lejos.

Aquí les comparto las palabras de mis presentadoras, las autoras Rocío Luquero, Alicia Spinner y Elena Camarillo. Nos hizo falta José Lumero. Disfruten!

Con mi grupo de escritoras, las Eñes (Rocio, Alicia Spinner y Elena Camarillo)

Con mi grupo de escritoras, las Eñes (Rocio, Alicia Spinner y Elena Camarillo)

PALABRAS DE MIS PRESENTADORAS (que leyeron en turno)

"La piel se me pone de gallina, no se pueden imaginar el orgullo que me da presentar hoy a nuestra sobrina. Sí, nuestra sobrina.

La casa de los secretos es parte de nuestra familia. Porque cuando tienes la suerte de ver a una historia desarrollarse poco a poco en frente de tus ojos, se convierte en casi tuya. Es un amor muy similar al que se le tiene a la hija de una hermana.

María, tú eres como una hermana para nosotros. Te queremos y te respetamos mucho y sabemos que no somos los únicos. En estas tierras, tienes admiradores en Seattle Escribe, en las bibliotecas, en los consulados, en las escuelas, en los grupos de lectura, entre tus vecinos, tus amigos, tu familia y todos, todos tus lectores.

Este cariño te lo has ganado por tu generosidad, positivismo y tu incansable entusiasmo hacia la comunidad latina. Todos nosotros te debemos mucho. Y hoy queremos honrar a tu última hija, la Oaxaqueña, que es un fruto de tu amor hacia nuestro México. Gracias a la inmensa investigación que desarrollaste y a tu maravillosa imaginación y talento, la idea de una historia de amor entre dos razas se convirtió en una novela hermosa que irradia amor y cultura con la misma intensidad.

La casa de los secretos es un tremendo tributo para el estado de Oaxaca, una ofrenda a su riqueza, belleza y costumbres donde se veneran la valentía de los guerreros defensores de su patria, las tradiciones zapotecas y mixtecas, la lealtad, los lazos familiares y el amor.

En la novela, la intervención estadounidense, la revolución mexicana y la hambruna de Irlanda se intersectan por medio de dos soldados abatidos por sus pérdidas, con una monja enloquecida con sus pecados, y con una dama que esconde su pasión en las telas negras de su viudez.

La casa de los secretos se encuentra a los pies de la Sierra Madre, bajo un manto de nubes y la protección de dioses precolombinos. Al entrar se nos da la bienvenida con un chocolate espumoso, acompañado de pan de yema recién salido del horno. En sus habitaciones, se encuentran personajes que cobijan sus secretos con el honor de su familia y que se refugian en las tradiciones de una sociedad en desasosiego. Desde su cocina, percibimos el olor del mole, del café, de la canela, del anís y de la caña. Entre sus paredes, escuchamos sentimientos expresados en melodías y susurros de anhelos que atormentan a sus habitantes.

En La casa de los secretos vive el recuerdo de una mujer que tejió su destino en una prenda Quexquémitl. Algunos la llaman bruja.

De igual manera, María hila las historias y nos presenta un colorido huipil literario. María, no nos cabe duda, tú eres una bruja de las letras. ¡Gracias por conjurar novelas tan prodigiosas!

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PRESENTACIÓN DE LA CASA DE LOS SECRETOS EN SEATTLE

Me da tremendo gusto invitarlos a la presentación de La Casa de los Secretos en Seattle. El sábado 22 de Octubre el festejo será en la biblioteca de mi barrio, Newcastle Library. Y para los que no quieran atravesar el charco los espero el domingo en la biblioteca central de Seattle. Les dejo las dos invitaciones. Ojalá puedan acompañarme a esta fiesta oaxaqueña. GRACIAS!!!!

 

 

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LA AVENTURA EN PUEBLA

No tenia contemplado hacer una presentación en Puebla, pero cuando le comenté a mi amigo y colega escritor, el Dr. Alfonso Mendoza Velázquez, que estaba triste por la situación en Oaxaca, y que cabía la posibilidad de que la presentación se cancelara en la ciudad Esmeralda él, que tiene el corazón del tamaño de una sandía, comentó:

–¿Y por qué no la presentas aquí en Puebla? Yo te ayudo. 

No lo pensé mucho porque además vi la oportunidad de cobrarme unos tacos árabes que me tenia prometidos – a mi y al resto de los autores del grupo Seattle Escribe–. 

Les cuento. Conocí a Alfonso en Seattle al impartir los cursos de narración en la biblioteca central. Era uno de las treinta personas que se presentaron a ese primer taller que la biblioteca ofrecía, por primera vez, en español. Pensamos que llegarían diez estudiantes y de pronto ahí estábamos, cambiándonos de aula porque ¡no cabíamos! 

La simpatía de Alfonso inmediatamente le ganó el cariño de sus colegas. Cuando compartió sus escritos también se ganó su respeto – y el mío. No era ningún principiante. Meses después, cuando anunció que se regresaba a México, la notica nos dio tristeza. No le permitimos salirse de Seattle Escribe y por eso siguió participando desde Puebla por skype. Un día nos compartió un cuento breve sobre los tacos árabes que se degustan en la ciudad de los Ángeles (sí, no todo es mole). La historia era buenísima y la descripción de los tacos mejor aún. Podíamos casi olerlos. Nos dejó a todos hambreados. Cuando se lo reprochamos rápidamente nos prometió los famosos tacos y ahora ahí estaba mi oportunidad de cobrármelos.

Alfonso se ocupó de todo: consiguió el espacio en la universidad donde imparte sus clases y hace investigación sobre economía (miren nada más su impresionante currículo); contrató los bocadillos y músicos e invitó a mis dos presentadores, Alejandro Badillo y Noé Blancas.  Después de leer sus largas trayectorias como autores me puse a temblar. ¿Qué dirían de mi hija oaxaqueña?

 

Llegué por fin a Puebla justo a tiempo para arreglarme y salir corriendo a la presentación. Me hospedé en el centro de la ciudad lo cual me permitió (al día siguiente) perderme en sus calles empedradas ¡que hermosa es la ciudad de mi colega, Ángeles Mastreta!  Cuenta la historia que la ciudad fue fundada en 1531 como Puebla de Ángeles y construida de acuerdo con los planes del obispo Julián Garcés. Está localizada entre Ciudad de México y mi amado  puerto de Veracruz. La leyenda es que los ángeles dirigieron al obispo Garcés en la selección de la ubicación de la ciudad. Fue ahí que el 5 de mayo de 1862, cerca de dos mil combatientes mexicanos armados con palos, machetes y hondas en el fuerte de Loreto y Guadalupe dirigidos por el general Ignacio Zaragoza derrotaron a 6000 tropas francesas en la batalla de Puebla. La “batalla de Puebla” se celebra como Cinco de Mayo en México y aquí en USA es pretexto para llenar los bares y restaurantes Mexicanos y echarse un buen tequila. En 1999 un terremoto dañó muchos edificios históricos, pero se han ido renovando y desde entonces han sido abiertos de nueva cuenta al público en general.

La presentación fue hermosa. Muchos amigos llegaron de sorpresa, como el autor Enrique Aguilar, integrante de Seattle Escribe; o como mis amigas de infancia Lula Murguía y Esperanza García. Con Espe jugué a las muñecas de niña y con Lula me escapé de la escuela de adolecente, más de una vez (pero conste que ella era la que sonsacaba J). 

Llegó también mi familia, mi primita Maritó San Martin con su hija desde Córdoba. Mi sobrina Antonela Amicone Victoria, que jaló al marido y a una bella durmiente en la carriola. Nadie disfrutó de la música más que su pequeño bailarín, Ian. Y es que los músicos (Artes Revueltas) nos dieron un concierto inolvidable. El violinista es Augusto Bertado, director académico de la  UPAEP junto con su hermano René. 

La presencia de mis seres queridos me hizo muy feliz pero además quedé gratamente sorprendida con la reseña de mis presentadores. ¡Les gustó la novela! O cuando menos eso dijeron J)) Noé leyó en voz alta la escena que le pareció más tierna.

“Quisiera terminar con una nota, quizá la más tierna, quizás la más lograda de la novela, que es el final feliz de Amalia, la nana de Gabino, y Lencho, el jardinero – profesión tan afortunada” 

Y para mí, escuchar a Noé leer esa declaración de amor del jardinero a la nana, fue un verdadero regalo. La voz de Noé era la voz de Don Lencho. 

AL final la audiencia quería saber si Amalia le dijo que sí, o no, al pobre hombre. Esa curiosidad es justo lo que quise inculcar en mis lectores para que leyeran hasta la última página.   

Lo único que no logré en Puebla fue cobrarme mis tacos árabes. Alfonso estaba más que dispuesto a invitármelos pero por desgracia, después de haber andado atragantándome de mole oaxaqueño, mangos chiapanecos, pan dulce y pastel azteca, mi estómago protestó y acabamos desayunando sandía y papaya en los portales. 

Me los sigues debiendo, mi querido Alfonso.

 

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LA SEGUNDA PARADA - TUXTLA GUTIÉRREZ

El consejo que nos dan a los escritores es que hagamos presentaciones en lugares donde tenemos familia y amigos. Es un buen consejo. La realidad es que la gente no suele asistir a eventos literarios porque (muchos) prefieren otras formas de diversión: un buen reventón, una película, o salir a cazar pókemons. A las presentaciones de libros van sólo cuando los lazos sanguíneos, o la amistad, los compromete con ese ser extraño, terriblemente sentimental, que no deja de escribir. Temen que si no se sacrifican, acabarán siendo los malos de su siguiente novela.

Les cuento que se armaron dos pachangas en la ciudad de Tuxtla, Gutiérrez, tierra del gran poeta Jaime Sabines. Eso gracias a mi hermana Pilar quien, hace más de cuarenta años, se casó con un chiapaneco. Desde entonces ahí radica, en esa ciudad que también ha albergado a mi familia materna, los Muguira. Son gente de café. Lo siembran, lo venden y lo exportan y por eso, cuando mi padre por fin decidió casarse (después de un noviazgo de seis años…pero esa es otra historia) hasta allá tuvo que ir a buscar a mi madre. La boda fue, precisamente, en la catedral de la ciudad.  

Mi hermana Pilar ha cosechado amistades por doquier. Así era mi padre. No puede uno andar con ella sin que la paren a platicar. Ya sea en la corrida, tiendas o el banco, la gente la rodea como hormigas tras la miel. Es un imán. Es maestra de metafísica y cada día tiene más alumnos. Yo también soy su alumna y mi gran temor es que un día de estos me mande a la porra porque encima, soy micha fría (o sea, de a gratis). Además de ser maestra es presidenta del club de jardinería. Su jardín es un oasis de flores y frutas – orquídeas, mangos, plátanos, aguacates y guanábanas que las ardillas se roban con descaro.

“Vente a presentar la novela a Tuxtla” me dijo un día “aquí tienes muchos fans”.

Y claro que acepté, no tanto por esos “fans” (que son más suyos que míos), sino por las ganas de sentarme en su terraza a tomar mi clase con ella, solitas las dos, con una taza café Portales (el café de los Muguira), a la sombra de sus árboles frondosos.

Recordarán que Pilar me acompañó a la presentación de Oaxaca. Pues bien, volamos juntas a Tuxtla sin incidente, gracias a Dios. Pocos días antes el aeropuerto había sido “tomado” y no queríamos tener que caminar kilómetros jalando maletas. Pronto gozábamos de su jardín.

Esa misma noche fue la presentación en el Centro Empresarial de Chiapas. El motor detrás del evento fue la querida amiga de Pilar, la licenciada Patricia Gordillo Vidal. No cabe duda que la vida me ha rodeado de Patricias. Por ende el nombre de mi protagonista en La Casa de los Secretos: Patricia. Y ahora ahí estaba nuestra Patricia Godillo, un torbellino de puro BIEN. Es de esas mujeres que todo lo pueden y que encaran los retos sonriendo. Además de ser exitosa en su negocio (Femenina Intimidades) colabora con la radio y con un sinnúmero de entidades que apoyan a su comunidad. Cuando la conocí, su energía inagotable inmediatamente me recordó a la abuela Feli quien, a sus ochenta y pico de años no se perdía un minuto de diversión. A las doce de la noche cuando llegaba a casa en el DF, después de haber ido al zoológico, tiendas y al cine (era cinéfila) se ponía la pijama y sacaba la baraja. Pocos le aguantaban el ritmo. Igual nuestra Patricia. Con su alegría efervescente, contagiosa, se encargó de todo. Comprometió al Licenciado Alejandro Escanero y me abrieron las puertas en el Centro Empresarial. Consiguió bocinas, coordinó los bocadillos (que preparó Janny Jimenez ¡y que quedaron deliciosos!) el brindis y encima me consiguió una entrevista por teléfono con Luis Elias Samayoa Nucamendi y en la radio Máxima FM con Josefina Aguilar Gutiérrez. ¡Imagínense si no voy a estar agradecida por la cálida hospitalidad y ayuda desinteresada!

Ya había comentado antes, que más que una gira de libros, ésta fue una gira de amor. Por eso me pareció apropiado pedirle a la licenciada Lupita Salazar que me presentara. Lupita es la cuñada de Pilar y para mi, casi una hermana. Ella ha sido el ángel que ha velado todas y cada una de las palabras en mis libros (también Pilar). Los que me conocen saben que batallo con la ortografía y que a pesar de ser “escritora” no acabo de entender cuándo hay que poner una “g” en lugar de una “j” o una “z” en lugar de una “c”. Las reglas gramaticales de la bella lengua de Cervantes se me hacen bolas en la cabeza. Gracias a Dios, Lupita me corrige sin criticarme. Con la paciencia de una santa me enseña lo que debí haber aprendido en la escuela primaria. Mi proceso siempre ha sido este: cuando termino un capítulo o cuento se los mando a Lupita y a Pilar. Solo después de que bendicen mi texto, se lo mando a la segunda capa de editoras, amigas del alma (Rita, Dalia o Mónica) para que le echen un ojo. De ahí se va a los profesionales (editores que contrato) para una ultima mirada y finalmente a la editorial. Ahora podrán apreciar que el trabajo más arduo y detallado de las primeras correctoras, Lupita y Pilar. ¡No sé que haría sin ellas!

Mi segundo presentador, con quien también estoy muy agradecida, fue el Licenciado Gustavo Trujillo Vera. Gustavo ha publicado más de 150 artículos en revistas especializadas de cine, literatura y cultura general. Es autor de los libros La Seducción de Miranda, Los Tres Macbeths Polacos, Amanda del Llano, La tragedia de una Musa e Historia del Cine en Chiapas.  Actualmente es conductor del programa de la radio Cine Lux y del programa de televisión Cine de 10. ¡Qué honor fue para mí que accediera a ser mi presentador no sólo esa noche sino la siguiente!

 

La segunda presentación fue en una de las librerías más hermosas que he tenido el placer de visitar. Hablamos de la librería José Emilio Pacheco de la UNACH. Otra amiga de Pilar, la Licenciada Rosa Martha Velasco, sugirió el espacio y nos contactó con el Licenciado José Luis Ruiz Abreu quien amablemente nos abrió las puertas. Una vez más tuvimos casa llena. Justo antes de la presentación me entrevistaron para el @Periódico Síntesis Chiapas. Esa entrevista fue gestionada por la Licenciada Katherine Melody Perez Robledo, otra amiga de Pilar.

 

¿Ya ven por qué es bueno hacer presentaciones donde hay amigos y familia?

 

Hoy comprendo que lo mejor de las presentaciones no es el número de ventas ni audiencia, sino el amor que se cosecha en ese festejo intimo, entre seres queridos (y comprometidos). Al final de mi primera presentación en Tuxtla mi sobrinita María peleó su lugar en la cola y exigió que su abuelo le comprara mi novela. Tiene cinco años y no sabe leer. No obstante, me regaló una rosa, un abrazo y su promesa de que iba a leer hasta la última palabra (y sin brincarse las páginas). No dudo que así será y eso es, para mí, fue lo más importante (y hermoso) de la presentación. 

 

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LA GIRA DEL LIBRO - OAXACA

Me aconsejaron que cancelara la presentación de mi novela en Oaxaca. La situación está fea, decían, y sí, las noticias efectivamente reportaban enfrentamientos armados con heridos y muertos. Los amigos y los hermanos comenzaron a disculparse. No podían ir porque no había acceso a la ciudad o porque temían que una bala perdida los alcanzara. Mejor cancela, me insistían, no vale la pena que te arriesgues.

Me hicieron dudar. Quizás tenían razón ¿a quién le iba interesar ir a una presentación de novela de una autora desconocida cuando las cosas estaban tan mal? Por otro lado ¡qué tristeza me daba tener que cancelar después de tantos preparativos! Me había llevado seis años escribir la novela y meses organizar la gira con la ayuda de muchas almas caritativas. ¡Qué coraje que, justo cuando por fin iba a entregarles mi ofrenda, se hubiera armado una revolución en la ciudad! Decían que la Guelaguetza se había cancelado. Y eso sí que era grave, porque uno de los temas de mi novela era, precisamente, que los oaxaqueños siempre han mantenido sus tradiciones y festejos a pesar de las guerras.

Lo consulté con la luna (suele ser mi consejera) y también con unos amigos de Seattle que estaban en Oaxaca. Dalia Maxum, quien seria mi presentadora en Oaxaca, estaba en su estado natal para celebrar su boda. Esa boda nadie la iba a cancelar.

En cuanto Dalia llegó a Oaxaca me llamó y me dejó un mensaje. “Las cosas están complicadas, guapa, pero la gente sigue sus rutinas como siempre. Yo que tú no cancelaba”.  Otra de mis amigas, Wendy Call, estaba en Juchitán. Le pregunté por Facebook si era cierto que habían cancelado la Guelaguetza. “No van a cancelar nada” me aseguró “no te preocupes”. Y así fue. El festejo internacional se celebró aunque, por desgracia, llegaron menos turistas que otros años.

Cuando decidí seguir adelante con la presentación mi hermana Pilar se apuntó al viaje. “No voy a dejarte ir solita” me dijo. “Además, tu y yo sabemos que no pasará nada”. Esa muestra de amor es típica en ella que todo lo da. Ahora ya saben por qué es mi maestra espiritual.

En Oaxaca nos recibieron con los brazos abiertos. La chica encargada de la librería La Grañén Porrúa, Amada López Curiel, nos trató con verdadero cariño. Organizó la presentación en un recinto hermoso, en el antiguo callejón de San Pablo. Coordinó la rueda de prensa y encima me consiguió a la persona que nos haría los bocadillos. Una mañana nos llevó a desayunar a un rinconcito olvidado de Dios, donde comimos (por primera vez) yogurt hecho con leche de cabra. Los cuernitos de mantequilla son sublimes. A la hora de las compras, Amada nos llevó con sus marchantas tejedoras a quienes les compramos blusas y huipiles de telares de cintura. Obras de arte como las que teje Zyanaya, el personaje zapoteca de la novela.

La ciudad sigue tan hermosa como siempre. Es verdad que el zócalo está tomado por los maestros, y que hay marchas de protesta por la ciudad, pero en ningún momento me sentí incómoda, al contrario, la hospitalidad y generosidad de los oaxaqueños me hicieron sentir muy apapachada. Me parece que el nombre de “Amada” no fue coincidencia.

Les cuento lo mejor de todo:

Uno de los artistas oaxaqueños que más admiro es Fulgencio Lazo. Aquí su página para que se deleiten en sus obras. Fulgencio radica en Seattle, y así es como lo conozco porque además, él y su esposa (un encanto de mujer) son los organizadores de las fiestas oaxaqueñas en Seattle. Cuando supe que estaría en Oaxaca el día de mi presentación me atreví a pedirle que fuera mi presentador. Tuve la suerte que accediera y así fue que tuve el gran honor de incluirlo en la agenda.

El día de la presentación le platicó a la audiencia que en su casa habían estado leyendo mi novela en voz alta para poder comentarla. Nos contó que su mamá, una mujer zapoteca, la había estado escuchando con mucha atención. “Es que esa es mi historia” les comentó “así exactamente fue mi vida. Esa soy yo”. Y de ahí se inspiró y comenzó a narrar su propia historia que el mismo Fulgencio desconocía.

Las palabras de Fulgencio me impresionaron. Como escritora siempre procuro agradar a mis lectores pero el hecho de que una mujer zapoteca se haya sentido identificada con uno de mis personajes, fue la mayor afirmación que pude haber recibido. Mejor reseña que la de cualquier critico literario.  

La mamá de Fulgencio quiso comprar la novela. Se acercó con timidez a la mesa de libros, sacó de su pecho sus $200 pesitos, y se los ofreció al librero. Sorpresa que se llevó cuando le dijeron que no le alcanzaba.  

“Me vas a tener que acompletar” le dijo a Fulgencio quien, riéndose, me comentó “María, toma una foto de este momento HISTÓRICO. Este es el primer libro que compra mi mamá”.

Imagínense qué GRAN HONOR es para mí saber que mi novela ocupa el primer lugar en la biblioteca de la madre de mi artista favorito.

Imagínense qué triste hubiera sido no haber ido a Oaxaca. 

MUCHAS gracias a todos ustedes que me acompañaron. Muchas gracias a mis presentadores que a pesar de todo ahí estuvieron. Sobretodo GRACIAS por esa primera compra que bendice el lanzamiento de mi novela. 

 

 

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DAR Y RECIBIR

Mi padre solía decir que tenemos dos manos, una para dar y otra para recibir. Y que hay que dar en la misma medida que recibimos para poder caminar derechos por la vida. Últimamente siento que he recibido más de lo que he dado. Me han llovido los regalos, no sé por qué. Mi cumpleaños no es hasta Enero :)) Por regalos no me refiero sólo a los que vienen envueltos (aunque esos también me han llegado) sino a aquellos que otorgan presencia corporal y por ello no tienen precio– una invitación a caminar, a tomar un café, un comentario amoroso, una cena, o un abrazo inesperado. ¡Me siento tan amada!

La semana pasada di clases de poesía en Puesta del Sol, el programa de inmersión al que asistieron mis hijos de pequeños. Aida, la mujer fenomenal que organizó el programa, me recibió con un libro de las poesías que los pequeños escribieron el año pasado, con todo y fotos. Un hermoso gesto. Aquí una foto de mi preciado regalo.

Hace unos días invité a cenar a un par de amigas muy queridas. Una llegó con flores, la otra con una bufanda. Ambas son mujeres ocupadísimas y sin embargo me regalaron casi cuatro horas de vida. Además me trajeron a sus “osos” para que entretuvieran a mi marido.

El sábado pasado participé en la celebración del aniversario de Seattle Escribe, el grupo de escritores que viven en Seattle y que escriben en español. ¡Hay tanto talento en ese grupo! A media celebración me regalaron un collar con una manzanita roja. Simplemente hermoso. Aquí una foto de la cuna literaria en Seattle.

Photo credit @Barbara Rodriguez  

Photo credit @Barbara Rodriguez

 

Mis amigas de más de 35 años, las Ya-yas, me invitaron a la isla López a pasar un par de días. Ahí recibí abrazos, consejos, sonrisas y chistes. ¡Tantos recuerdos!  ¡Tanta vida compartida! 

Una amiga me invitó al primer congreso de las mujeres chin…onas. Fué congreso más divertido al que he asistido en mi vida. Las congresistas me regalaron inspiración y esperanza de que algún día mis nietas gozarán de los mismos derechos que sus hermanos varones. ¡Qué regalo!

Anoche otra amiga organizó una cena para celebrar mi novela. Ella es una chef gourmet y nos sirvió un banquete exquisito. Encima me regaló un collar hermoso y una tarjeta muy cariñosa. Pero lo mejor fueron los besos de sus hijitas que casi, casi son mis nietas. Una de ellas será escritora. Lo sé.

Ayer vino mi hermana de visita. Acaba de regresar de México y llegó cargando regalitos que me mandaron una sobrina y otra hermana. Miren que lingo juego de jarochilandia y miren qué padre libro.

Con eso de la publicación de mi nueva novela, La casa de los secretos, me han llovido los gestos de amor. Hubo varios ángeles que me la corrigieron desde un principio. Mi familia y amigos me han ayudando a organizar las presentaciones en los dos países. Me han ofrecido espacio, música, hasta comida. Una amiga me quiere vestir de Tehuana, otra se ofrece a bailar la canción mixteca, aún otra ofrece hacerme una reseña y presentarme a alguien en los medios. La presentación de Veracrúz la patrocina un tío muy generoso.  Muchos han prometido acompañarme y traer a sus tribus para que no tenga que leerle yo solita a las paredes. Organizar los eventos ha sido una labor intensa, el esfuerzo de muchos, y nadie me ha cobrado un quinto. Otro amigo, incluso, me ofreció hacerme un "book trailer" e igual, rehúsa que le pague. No sé cómo agradecerlos. Aquí tienen la invitación a las presentaciones en México. Están todos muy cordialmente invitados. 

 Ahora ya ven por qué me siento tan amada.

Tanta bondad me hace reflexionar en lo que debo de dar para enderezarme y no andar chueca. Me toca repartir palabras de amor y de consuelo, dar abrazos a quien los necesite, consejo a quien lo pida. Me toca regalar mi tiempo y ayudar a mi prójimo y a mi comunidad. Me toca abrir los brazos, mi hogar, mi mente y dar lo mejor de mí. Quizás los beneficiados no sean las mismas personas que a mí me han dado, pero eso no importa. Lo importante es repartir y compartir las dádivas de mi canasta como lo hacen en la Guelaguetza. Lanzando la fruta al aire para alivianar el peso de la mano que tanto ha recibido. 

 ¡De todo corazón gracias por sus muestras de cariño! Espero poder corresponder como Dios manda. 

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¡VÁMONOS DE VIAJE!

Y POR FIN llegamos a la parte más divertida de escribir una novela. ¡La hora de presentarla! Para ésta, mi hija oaxaqueña, no estoy organizando una lectura (para leerla ya tendrán tiempo mis lectores) sino muchas FIESTAS. Una serie de fiesta oaxaqueñas con música y bocadillos típicos de esa ciudad tan bella en Oaxaca, Tuxtla y Veracruz, mi amado puerto.

No quiero discursos largos sino una charla amena con mis lectores. Quiero que me hagan preguntas si las tienen y si no, que celebren conmigo con una copa de vino y buena música.

Para la presentación de Oaxaca escogí al propósito la semana de la Guelaguetza http://gomexico.about.com/od/festivalsholidays/p/guelaguetza.htm - El festival de la Guelaguetza, como se celebra hoy en día, es una combinación de celebraciones prehispánicas de la diosa del maíz, Centéotl, y el día de la fiesta católica de Nuestra Señora del Carmen, que se celebra el 16 de julio. Todo el estado se pone de fiesta.

Estoy feliz de poder invitarlos/as a todos/as a la gira del libro. Vengo desde lejos a ofrecerles mi novela, y a darles las gracias por toda su ayuda, su apoyo, y su cariño. ¡Ojalá puedan acompañarme!

Ps: la gira del libro en USA se anunciará muy pronto.

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Muñecas de Esperanza por Claudia Hernández Ocádiz

Feliz de tener como invitada en mi blog a la escritora Claudia Hernández Ocádiz, integrante de Seattle Escribe y fundadora de Khomparte  http://www.khomparte.com/. 

– ¡Diablos, son tan hermosas que quisiera llevármelas todas!-, exclamo sorprendida, mientras hago cálculos mentales de cuántas podrían caber en mi maleta.

No he podido evitarlo. He quedado cautivada por un sinfín de caritas sonrientes, perfectamente ataviadas con coloridos vestidos a rayas bordados a mano. Sus vaporosas blusas, les cubren los brazos cobrizos por el sol con telas de florecillas de algodón. Rostros radiantes de ilusión, enmarcadas por sus altos tocados de cabello color huizache, delicadamente trenzado con vistosos listones de seda y sus coquetos encajes blancos que evocan la inocencia de sus almas. No puedo escapar a sus tiernas miradas de ojitos negros de capulín y sus boquitas rellenas de carmesí.

Me encuentro parada en uno de los pasillos de un mercado de artesanías en la Ciudad de México. En tanto me decido a preguntar por el precio, un suave murmullo de entusiastas voces capta mi atención. Parece el trinar de alegres pajarillos primaverales. Se trata de dos mujeres hablando animadamente y sin parar mientras sus dedos trenzan con gran agilidad y destreza los tocados de las tradicionales muñecas mexicanas  “de trapo”. No logro entender nada. Uno de los trinos se convierte en una amable sonrisa que me saluda en español.

– ¡Buenos días!, acérquese con confianza marchantita-, me dice ávidamente con esa forma tan coloquial de llamar a las clientas en los mercados mexicanos. Le damos buen precio, señito-, continúa sonriéndome en todo momento. Todas las muñecas están hechas a mano y rellenas de algodón.

-Mire que bien hechecitas están-. Representan a las mujeres de nuestra tierra, me dice; mientras le arregla cuidadosamente el tocado de listones y le esponja los pliegues de las coloridas faldas para presentándomelas una a una, dejándolas suavemente en mis manos. Las hacemos a nuestra imagen, para recordarnos quiénes somos, de dónde vinimos y mantener vivas nuestras memorias, me dijo la marchante sonriendo.

-Tenemos de todos los colores que le agraden, son todas diferentes-, me dice la otra marchante. Solo díganos qué color quiere, nosotras se la buscamos y si no, se las hacemos a su gusto. Me sonrojo ante tanta amabilidad y servicio mientras me pregunto a mí misma:

-¡Ah caray!, ¿cómo es que somos las mujeres de nuestra tierra? ¿y qué chingaos representamos?-, me quedo pensativa.

-Están todas muy bonitas-, le contesto sin vacilar. Si pudiera, me las llevaba todas. Me gustan para hacer unos regalos que representen a México.

Entonces la amable mujer, con la experiencia de sus largas y canas trenzas que caen discretamente sobre su blusa bordada con figuras de flores y aves en azul turquesa; se dirige a su acompañante de trabajo y le comunica algo que me suena a melodiosa armonía pero que sigo sin entender. La segunda mujer se levanta de inmediato del piso donde está sentada y sale apresurada por los bulliciosos y aromáticos pasillos del mercado, dejando los brillantes listones de seda anidados en el suelo esperando a su regreso.

-¡Qué rico platican!, le digo con entusiasmo.  Hasta me dan ganas de entrarle a la charla, solo que no logro entender su idioma-. Entonces ella me sonríe irguiéndose confiadamente como los pavos reales de su atuendo y me dice:

-Yo hablo otomí por parte de mi mamá y un poquito de náhuatl por parte de mi papá, que Dios los tenga a los dos en su santa gloria-, me dice mirando al cielo. -El español lo hablo también, pero un poco menos. Mi familia era muy grande, -¿sabe?-, con muchos hijos y mayor pobreza. No había tiempo de estudiar. En nuestros ayeres, nuestras familias vivían juntas, sembrábamos chile y maíz. Las mujeres nos reuníamos a cantar nuestros cantos otomíes mientras cosíamos muñecas. Yo solo fui a la escuela hasta 1º de primaria. En nuestro pueblo casi todos los hombres se han ido ya. Algunos de ellos en veces regresan, se quedan un tiempo y nos hacen más hijos. Otros no vuelven nunca más, nos dicen que se pierden en el desierto. Nosotras nos manteníamos con el dinerito que nos mandaban nuestros hombres de allá del “Norte”. Un día las cosas cambiaron…mi comadre y yo, junto con nuestros hijos, decidimos venir a la gran ciudad a vender nuestras muñecas. Una prima nos renta un cuartito donde vivimos 10 personas. Mis hijos aquí ya van a la escuela. Nosotras vendemos las muñecas de trapo de día y cosemos por las noches. En nuestro pueblo, las tierras se han ido quedando secas, sin vida, ya casi nadie las siembra, no hay mucho que cosechar. No hay agua para regarlas, y cuando hay, los señores de la autoridad la desvían para sus tierras y solo las dejan correr si les pagamos dinero que no tenemos o les hacemos “favores”. Tenemos hijas – ¿sabe?- y no queremos hacer de esos “favores”, estamos cansadas de que nos humillen y traspasen nuestros cuerpos para saciar en ellos su desprecio. Nosotras solo sabemos y queremos hacer muñecas. El otomí, el náhuatl y las muñecas representan lo que somos, nuestra fuerza, lo que nos queda y lo que sabemos. Es la herencia que nos dejaron nuestros “Tatas”, – me dice –refiriéndose a sus antepasados,  mientras suspira con nostalgia y desvía la mirada hacia el suelo.

En eso, la otra mujer regresa con una gran bolsa de tela de manta color crudo. De su interior salen  decenas de muñecas que van colocando una a una ante mi asombro.

-Escójalas con confianza, las que le agraden. ¿A dónde dice que las va a regalar?-, me pregunta con risueña curiosidad.

– Las llevo a conocer otras culturas-, le contesto. Deseo llevarlas conmigo para que a través de ellas pueda dar a conocer tu fuerza, tu creatividad, tu arte, la bondad de tu alma y tu cultura otomí, pero también la mexicana-. Luego, tomando una muñeca y mirándole a los ojos le digo:

– Al igual que tú, yo también tuve razones por las que decidí dejar mi tierra. Me fui a un lugar donde no hablan el mismo idioma que yo, y ¿te confieso una cosa? Muchas veces no les entiendo, aun cuando he tenido que aprender su idioma.   Tú y yo nos parecemos no solo por ser mujeres mexicanas; al igual que tú, yo también tengo una invaluable herencia; la mía la conforman  la enseñanza y el amor de mis padres, la riqueza de mi idioma que es el español, el amor a mi tierra y a mi cultura, así  como el saber que mujeres aguerridas como tú, mantienen nuestras raíces vivas a través de la elaboración de artesanías transmitidas de generación en generación. Es por eso que te admiro por lo que sabes y lo que transmites, mientras le guiño un ojo, sellando nuestro voto de confianza mutua-. Ella entonces deja las muñecas y me abraza. Un sentimiento recíproco nos une: la añoranza por nuestras raíces.

– Me caes bien, marchantita- me dice. -Yo también te quiero decir una cosa de aquí de mis adentros, señalándose el pecho con ambas manos. Cada una de estas muñecas que ves aquí, las hacemos a nuestra imagen para recordarnos quiénes somos, de dónde vinimos  y para que mantengamos vivas nuestras raíces.  Día tras día, yo escojo sus colores, las relleno con la pureza del algodón y las coso cuidadosamente, porque llevan en su alma un pedacito de mí y de mis tatas. Cada una de ellas es única y lleva la ilusión de viajar por el mundo, la ilusión de aprender los idiomas que yo no aprendí, pero también con la ilusión de que muestren con orgullo de dónde provienen.  ¿Quién sabe? continúa pensativa, quizá alguna de estas muñecas  encuentre los restos de mi esposo que quedaron secos en algún lugar en su camino al país del “norte” y le digan que aún lo espero y lo perdono por habernos dejado a merced de otros hombres. Con la ilusión de que encuentre a mis hijos mayores que también partieron en búsqueda de mi esposo y  que aún no han regresado-. Su voz se quiebra y su mirada se nubla.

No me puedo contener. Gruesas lágrimas salen desbordadas rodando por mis mejillas. Ella, en cambio, permanece erguida, regia, con una entereza inquebrantable y con el aplomo de la sangre que lleva en las venas de una cultura que ha sobrevivido y enfrentado toda clase de adversidades. Su mirada refleja la certeza de que su esperanza algún día se convierta en realidad. Esta vez siento envidia,  pero también admiración de su temple y gallardía.

Una vez que me seco  las lágrimas, escojo y pago las muñecas que llevo en mi travesía con la importante misión de cumplir con la ilusión de su creadora.

-Y a todo esto,  ¿cómo te llamas?– le pregunto, mientras le abrazo cálidamente, esperando que al contacto con sus hombros,  me transmita  algo de su gran fortaleza y de la nobleza de su corazón.

– Mi nombre es Esperanza, me contesta con una sonrisa franca,  bañada de profundos anhelos reflejados en las curtidas arrugas de su rostro.

Cuando recibas o adquieras una de estas muñecas,  acéptala, abrázala y dale un nombre. Ella en cambio, te ofrecerá a manos llenas ilusión, fortaleza, confianza y el amor a sus raíces: porque en su alma lleva un pedacito de la ilusión de Esperanza.

Ciudad de México julio del 2015.

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LA FOTO DE AUTORA

Me llevó seis años investigar y escribir mi última novela, un año y medio encontrar un editor y otro año más para editar la obra. Todavía estamos corrigiendo el manuscrito pero parece que el próximo mes POR FIN se irá ¡a la imprenta!

Mi editora ha seleccionado el título. La novela se llamará "La Casa de los Secretos". El diseñador está trabajando en la cubierta. Así es este asunto, no me dan a elegir ni el nombre, ni la "cara" de mi historia pero por fortuna confío más en mi editora que en mi propio instinto. No sirvo para vender ni cacahuetes.

Esta semana mi editora me pidió una fotografía para la solapa de la cubierta. La necesitaba para ayer, me dijo. Le envié un par de fotos que ya tenía pero fueron rápidamente rechazadas. No eran de buena calidad y tampoco quería nietos en mi regazo, como es el caso con la mayoría de mis fotos.

Pensé en llamar a la gente maravillosa que me han ayudo con mis novelas previas. Pero igual no me gusta abusar de mi familia y mis amigos. Hace diez años mi prima Karen Hewett tomó la foto para mi novela "Les dejo el mar". Para agradecerla le disparé un almuerzo, creo, espero ... (Karen, ¿aún te debo esa invitación?). Con mi segunda novela, "Más allá de la justicia" conté con la ayuda de un profesional, Gene Frogge. Gene es un hombre muy amable y generoso que en su momento se ofreció a tomar las fotos de todos los escritores "Los Norteños" (un grupo de escritores latinos). Por desgracia para mí (pero afortunadamente para él) ahorita mismo anda sendereando felizmente el Camino de Santiago de Compostela con su bella esposa. Yo sé que él me habría ayudado si pudiera. También pensé en llamar a mi querida prima María Nesbit quien se ha hecho famosa por su fotografía artística de la naturaleza y las aves. El único problema es que ella vive en Texas y mi editora necesitaba la fotografia de inmediato. No sé por qué no pensé en la dichosa foto antes. Sobretodo siendo ésta mi tercera novela, debí haber sabido que tarde o temprano tendría que lidiar con el asunto de la foto. Pero es que, queridos lectores, cuando está uno en el enredo de la escritura y publicación lo último que nos concierne es la bendita foto porque además ¿a quién carambas le importa cómo me veo?

Pues ¿qué creen?... resulta que a los lectores les importa. Y mucho. Según varios estudios de marketing la foto del autor SI influye la decisión del lector consumidor. A mí, como escritora, este dato me confunde. Si mis lectores vieran una foto mía cuando estoy escribiendo a las 5 de la mañana probablemente saldrían corriendo (en pijamas, las greñas paradas, sin maquillaje, el ceño fruncido y con mis calcetines impares consentidos). De seguro espantaría a mis lectores.

Pero por otro lado, como lectora, confieso que soy una de esas que a la hora de comprar un libro me chismeo al autor. ¿Han notado cómo casi siempre posan enfrente de algún estante de libros con el puño bajo la barbilla? Se ven tan ... intelectuales.

Cualquiera que sea la postura, el hecho es que la foto del autor es una herramienta de venta. Cuando los lectores ven la imagen están básicamente tratando de decidir si quieren pasar las próximas horas con ese autor. La foto definitivamente ayuda a vender el libro. Así es que para mí no quedaba alternativa: tenía que entregarle a mi editora una foto en tres días.

Después de mirar los precio$$$ de los fotógrafos de este pueblo me aboqué a hacer una búsqueda en Google de "fotógrafos con precios accesibles " y me encontré con el sitio "Thumbtack". Parecía interesante, así que decidí probarlo. Llené la información requerida para explicar mi proyecto, confesé mi escaso presupuesto y luego hice clic en el botón para enviar mi solicitud al universo de Thumbtack. Casi al instante recibí varias propuestas, lo cual me sorprendió. Pobres fotógrafos, pensé, ahí estaban igual que yo vendiendo su talento artístico por una miseria… (han de saber que la mayoría de los autores ganamos no más de 10% de las regalías ).

Puesto que sé muy poco acerca de la fotografía le pregunté a mi hijo, que es un artista, por su opinión. Él, tras comparar los portafolios de los postulados, dictaminó que el trabajo de Nabor Godoy era “mil veces mejor" que el de los demás. Su opinión concordaba con las reseñas en el perfil que le otorgaban a Nabor muchas estrellitas. Decidí llamarlo.  

La conversación con Nabor fue un reto interesante ya que ambos tenemos acentos.  Aún así, le echamos ganas a la charla y finalmente logramos llegar a un acuerdo. Fijamos la cita y el precio y justo cuando nos despedíamos me preguntó de qué se trataba mi novela. Cuando le platiqué que el entorno era Oaxaca, me preguntó si hablaba español y en cuanto le dije que sí, de inmediato cambió a nuestra lengua materna. ¡Era de Venezuela! ¡Qué alivio sentí! Nos reímos y hablamos durante otra media hora que es lo propio entre nosotros, los latinos.

El día de nuestra reunión me presenté a la hora indicada y él ya me estaba esperando. De entrada me gustó su personalidad cálida y profesional. Me sentí completamente a gusto y relajada en su compañía. Caminamos por el pueblo hasta que eligió el fondo perfecto para las fotos. Su sentido del humor me hizo olvidar la cámara y cuando me mostró el primer par de fotos comprendí que estaba trabajando con un artista. El amor por su trabajo era evidente en el resultado. Yo hubiera quedado satisfecha con la tercera foto pero él siguió trabajando hasta que obtuvo ¡191 fotos! Sí, si viven en el área de North Bay y necesitan un fotógrafo, definitivamente se los recomiendo. Aquí tienen su página web www.godoyshots.com (y no, no me pidió que escribiera esto).

Aquellos de ustedes que me conocen saben que odio ir de compras. A mí no me den más de tres opciones por favor, sea ropa, comida, café, electrodomésticos, películas o papel higiénico, lo que sea, demasiadas opciones me abruman. Por eso evito las mega tiendas como Costco. Detesto los centros comerciales. Así que ya se podrán imaginar lo que fue tener que elegir una foto ¡de entre 191!!! Mi primer impulso fue enviarle toda la galería a mi editora y allá ella que se hiciera bolas. Pero luego me compadecí de ella porque no podía imaginarme peor y más aburrida tarea que ver tantas fotos de una perfecta desconocida. No se lo merecía. Esa labor me tocaba a mí sola, y ya cuando reduje el número a diez finalistas, recluté a mis pobres hermanos porque ellos siempre me perdonan mis abusos. No les queda de otra…

La foto que mis hermanos eligieron es la que aquí les comparto. Nabor me preguntó si podía "retocarla" o sea, borrarle mis canas y mis arrugas. Es por eso que me decidí a escribir este blog y compartir con ustedes la foto tal cual, ANTES de que Nabor o mi editora me hagan “cirugía plástica”. Temo que no me reconozcan ustedes, los que conocen (y espero me perdonen) todos mis defectos. Me gusta mi pelo blanco y todas mis arrugas. Me encanta ser una abuela y mi único deseo es seguir envejeciendo de tal forma que mis nietos no se asusten de mí, cuando les tienda los brazos.

Espero satisfacer a mi editor con esta foto. Espero que ayude a vender muchas novelas para que yo pueda seguir escribiéndoles más novelas. Sobre todo espero que ésta, mi hija Oaxaqueña, les guste. Fue escrita con mucho amor cada mañana a las cinco de la mañana durante seis años por una mujer fachosa, con cara de loca, mientras ustedes, mis queridos lectores, gozaban su sueño de belleza. 

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