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Maria de Lourdes

Victoria

I am a bilingual writer born and raised in Veracruz, Mexico, currently residing in the state of Washington. I write novels, short stories and children’s books. I wrote my first novel, Los Hijos Del Mar (The children of the sea) because I wanted my sons to know their ancestry and to be proud of their heritage. The story, set during the late nineteenth century in México and in Spain, is based on the lives of my ancestors, the Victorias, who made a name for themselves in México’s pharmaceutical industry, and the Muguiras, Spanish immigrants who found success cultivating and trading coffee seeds. The novel weaves both families’ sagas into a shared destiny and their intertwined tales becomes, finally, the love story of my parents. Click here to read a chapter of Los Hijos del Mar.

My second novel, Más allá de la Justicia (Beyond Justice) is a farewell to my former profession as a litigator. Through the first-person narrative of my three characters, I bring my reader into the harsh world of our criminal justice system, the complex lives of the accused, and the people who work, relentlessly, in the pursuit of justice. While the novel is not a memoir, my work as a public defender influenced my writing, and the process became therapy, allowing me to understand how the experience had shaped me. Click here to preview Mas Alla De La Justicia

A number of literary journals have published my short stories. The theme that seems to permeate my prose in that genre is the struggle that Latinos face in the United States. My characters are often working women trying to survive in a country that is not their own. The inspiration for the stories often comes from the people I try to help in my current work as a mediator.

I particularly enjoy writing for children. I find the process uplifting, and a good source of balance, especially when the substance of my adult work is often dark, and daunting. The more I explore and learn about this genre, the more it calls to me, especially when I am around my grandchildren, who are my best, and most devoted audience.

Caminatas otoñales

Ayer me tomé un descanso de la escritura y salí a dar un paseo con mi amiga y mi perro. Los otoños por estos rumbos son preciosos, y es casi un pecado no salir a disfrutar del paisaje. Me encanta el olor de los pinos y de las chimeneas encendidas; los árboles se visten de gala en tonos lustrosos de amarillo, rojo, naranjas y verde; los picos de las montañas se cubren de nieve y el aire es más fresco y crujiente que una manzana Fuji.

Mi amiga y yo caminamos por el bosque bajo una cascada de hojas secas. Vimos ardillas, ciervos, y muchas aves. Mi amiga se sabe los nombres de todas ellas. Vivió mucho tiempo en Alaska, y por eso me gusta caminar con ella. Porque además, sabe cómo lidiar  con los pumas y los osos. Verán: no puedo confiar en mi perro. Se esconde detrás de mí cuando lo afrontan, incluso los perros chihuahuas.

Es curioso cómo llegamos a amar nuestras vidas, pase lo que pase. Al menos ese ha sido mi caso. Por años quise vivir en otro lugar. En algún lugar donde no lloviera durante nueve meses consecutivos. Algún lugar cálido junto al mar. Soñaba con hundir mis pies en la arena mojada, con rociar mi cuerpo en las olas, y con embarrarme hasta los codos con un jugoso mango. Anhelaba el sol. El calorcito tropical. Mi mar.

Pero eso fue antes de que tuviera nietos. Ahora todo el calor que necesito me lo dan sus bracitos regordetes cuando se me cuelgan al cuello. La única luz que anhelo es esa sonrisa chimuela. En sus ojos azules siempre encuentro el mar. Ahora lo único que quiero es vivir cerca de ellos, donde quiera que estén, y aunque llueva.

Yo sé que algún día llevaré a mis nietos a una caminata larga, otoñal, con senderos cubiertos de hojas secas. Ya nos veo desde ahora : mi amiga y yo caminado con nuestro pequeño equipo de mochileros, tocando campanas al andar para espantar a los osos y atrás, sí, mi perro viejo, acobardado, apurando el paso. Espero que ese día llegue más tarde que temprano. De momento igual nos disfrutamos recogiendo bellotas y hojas de acre aquí, en mi jardín.

Platíquenme, mis queridos lectores ¿en donde les gustaría vivir?

 

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