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Maria de Lourdes

Victoria

I am a bilingual writer born and raised in Veracruz, Mexico, currently residing in the state of Washington. I write novels, short stories and children’s books. I wrote my first novel, Los Hijos Del Mar (The children of the sea) because I wanted my sons to know their ancestry and to be proud of their heritage. The story, set during the late nineteenth century in México and in Spain, is based on the lives of my ancestors, the Victorias, who made a name for themselves in México’s pharmaceutical industry, and the Muguiras, Spanish immigrants who found success cultivating and trading coffee seeds. The novel weaves both families’ sagas into a shared destiny and their intertwined tales becomes, finally, the love story of my parents. Click here to read a chapter of Los Hijos del Mar.

My second novel, Más allá de la Justicia (Beyond Justice) is a farewell to my former profession as a litigator. Through the first-person narrative of my three characters, I bring my reader into the harsh world of our criminal justice system, the complex lives of the accused, and the people who work, relentlessly, in the pursuit of justice. While the novel is not a memoir, my work as a public defender influenced my writing, and the process became therapy, allowing me to understand how the experience had shaped me. Click here to preview Mas Alla De La Justicia

A number of literary journals have published my short stories. The theme that seems to permeate my prose in that genre is the struggle that Latinos face in the United States. My characters are often working women trying to survive in a country that is not their own. The inspiration for the stories often comes from the people I try to help in my current work as a mediator.

I particularly enjoy writing for children. I find the process uplifting, and a good source of balance, especially when the substance of my adult work is often dark, and daunting. The more I explore and learn about this genre, the more it calls to me, especially when I am around my grandchildren, who are my best, and most devoted audience.

El Barco Tumba

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La tarea de esta semana es escribir el capítulo diecisiete de la novela. En esa escena mi personaje principal, Rogan, tendrá que abandonar su patria, Irlanda. El motivo: la Gran Hambruna.

Cuenta la historia que en 1845 se desató en Irlanda una terrible plaga (la roya) que afectó al producto agrícola más básico de ese país: la papa. Por ese entonces Inglaterra dominaba a los irlandeses, y para controlarlos, los obligaba a sembrar solo eso, papas, de tal manera que su dependencia alimenticia estaba totalmente controlada por los británicos. Miles de personas fallecieron y millones quedaron en la miseria; los más afortunados reunieron el dinero suficiente para viajar por barco a Estados Unidos y Canadá, en condiciones tan precarias, que al final, una de cada cuatro personas fallecieron antes de alcanzar su destino. Se calcula que más de 20,072 irlandeses fallecieron el primer año de la Hambruna en esos barcos que ahora se conocen con el nombre de “barco tumbas”. Mi capitulo dieciséis se llamará así: El barco tumba.

Todavía no decido cómo será que Rogan conseguirá el dinero para comprar su pasaje, y el de sus hermanas, que igual que él, han quedado huérfanas. Sea como sea, al final logrará embarcarse con ellas en el barco ‘Kate” en Galway. Después de armar mi esquema, para que las fechas coincidan con los eventos históricos que vendrán después, elijo la fecha: El 28 de Mayo de 1846 la nave zarpa a Nueva York.

Tengo sobre mi escritorio pilas y pilas de artículos y libros que he copiado de las bibliotecas, y que hablan sobre el tema, detallando la terrible situación, durante ese periodo tan triste en la historia, que me imagino avergüenza al mas patriótico de los británicos. He visto las fotos, leído las cartas, y los testimonios de aquellos que sufrieron la tragedia. La conclusión es inapelable. El abuso del imperio británico, y de su parlamento, sobre los súbditos es imperdonable. Algunos historiadores catalogan la Gran Hambruna de genocidio. No es para menos. Más de un millón de personas murieron de hambre.
Una cosa es leer el papeleo con el desprendimiento de la investigación, disfrutando de la santa paz de mi hogar, con una taza de café a la mano, y otra, muy diferente, intentar revivir los hechos para colocar ahí a Rogan, mi joven intrépido de pelos colorados cuya historia de amor ha de cautivar a mi lector. 

Me lo imagino en esa nave, mareado por el incesante zarandeo, temeroso ante la inmensidad de ese océano que imponente, volátil, todopoderoso, amenaza tragárselos vivos. Escucho el azote de las olas furiosas golpeando la madera, el hedor nauseabundo a muerto, pasajeros atiborrados en ese espacio atiborrado, vomitando y defecando encima de sí mismos. Y ahí, en medio de esa humanidad inmunda está Rogan codeando, angustiado por sus hermanitas. Hace lo que puede para protegerlas del frío, la enfermedad, y las miradas libidinosas de aprovechados, que en cualquier descuido les faltan el respeto…

Me vuelco a la página a pintar la escena. Me concentro y me evaporo. Soy niebla que viaja por el tiempo, que desciende al barco tumba y que se cuela en cada poro del cuerpo de Rogan. Adentro, soy sudor y sangre. Siento hambre, dolor, y rabia.

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