NANOWRIMO - Rocío Luquero

Seguimos festejando NANOWRIMO en mi blog. Ahora toca el turno de Rocío Luquero, mi alumna de Técnicas Narrativas.

Sobre Rocío: Nacida en Madrid escribe poesía desde niña. Escribió su primer libro "Yo a Filadelfia y tu a Seattle: en 1996. En 1999 termina un guión y en el 2003 el cotrometraje "Las Flores". Actualmente escribe su novela "Al Borde". 

Le mandé esta imagen a Rocío y aquí tiene su cuento:

 

LA SOMBRA TENEBRE - Rocío Luquero

dormidodormidoÉrase una vez un niño pequeñito que cuando se iba a la cama tenía miedo de DORMIR. Soñaba con monstruos, fantasmas y demonios que le agarraban por los pies y le tiraban de la cama.

Siempre se despertaba justo antes de que le llevaran para siempre. Así era cada noche. Tenía la suerte de que podía darse cuenta de que estaba soñando y él mismo se despertaba.

Sólo tenía que repetir: Una, dos y tres ¡ahora! Y lograba despertarse. Menos mal, pensaba. Tengo suerte, mucha suerte de que no me arrastren con ellos. Y se PREGUNTABA porque le pasaba esto a él.

 

Una noche oscura, muy oscura, sin luna, ni estrellas, ni luz de farolas en la calle, ni en el EDIFICIO donde vivía, se fue a dormir más asustado que nunca. Sentía un gran peso en su pecho y una angustia de que no iba a poder despertarse esa noche.

 

Tardó mucho en dormirse pero el sueño terminó venciéndolo y entró en el mundo macabro en el que habitaba todas las noches. El monstruo, esta vez, era su propia SOMBRA y no podía despegarse de ella. Corría y corría, pero ésta le seguía a todas partes.

 

Cuando pensó que por fin se había librado de la sombra maldita, cayó de rodillas jadeando, exhausto, y se dio cuenta de que estaba en frente de un FANTASMA NEGRO que le amenazaba con engullirlo.

-¡No! ¡No! – gritó, con fuerzas. Entonces comprendió que estaba de nuevo dentro de su pesadilla y dijo en voz alta: Una, dos y tres ¡ahora! ¡Ya!

¡No podía despertarse! Grito más alto: Una, dos y tres, despierta ¡Ya! ¡Por favor!

La sombra negra le agarró por atrás y el fantasma oscuro se lo comió.

Sus aullidos suplicaban: No. Por favor. ¡Suéltame! Pero esta vez no despertó.

Se sintió caer al vacío en un túnel negro. Atravesó una luz azul que le electrificó y lo sacudió para todos los lados. Ya no gritaba. Estaba muerto de miedo y se abandonó a su suerte. Estaba seguro de que la muerte lo esperaba.

Cuando despertó, estaba en una pradera verde cubierta de FLORES amarillas y naranjas. El sol relucía en lo alto del cielo. Se puso de pie, miró alrededor y vio una TORRE a lo lejos.

 

Caminó totalmente hacia la torre. Llamó a la puerta y esta se abrió, cruzo un salón, una cocina y escucho risas en el jardín. Se acercó, pausadamente, y vio que afuera había unos niños riendo y jugando. Se acercó a ellos y cuando éstos le vieron le rodearon mirándole con caras felices.

-¿Que haces aquí? Le preguntaron.

-No sé –, dijo él. 

Una chica de pelo castaño, de unos 13 años se acercó, le tocó la cara y le dijo:

–Yo te conozco. Eres mi hermano. ¿Por qué has venido?

-No sé.

-Yo vivo aquí pero tú no. Tienes que regresar –. Dijo la hermana.

-¿Y como lo hago? ¿Porqué no me acompañas?

-No puedo. Mira, toma esta VARITA MÁGICA y cuando hagas tres círculos con ella te llevará a tu casa – contestó la hermana.

-Me gustaría quedarme contigo – dijo el niño.

-No puedes, pero cuando te toque venir te prometo que estaré aquí, esperándote. No tengas miedo.

-¿Por qué no puedo? – Insistió el pequeño.

-Porque no te toca –. Contestó ella.

-Pero te extraño, me gustaría estar contigo. Seguramente no tendría esas pesadillas. Aquí sería más feliz – explicó él, con ojos lánguidos.

-Puedes ser más feliz en tu casa si quieres, agregó la hermana.

-Sin ti no es lo mismo, dijo con voz suplicante.

-Pues por eso mismo, regresa y pelea. Pelea por ti, por tu vida, con ganas y verás como puedes ser feliz–. Dijo ella, con fervor.

-¿Y si no quiero?

-Pues te quedan muchos años de pesadillas y miedos. Ríe más que llorar y la BALANZA se inclinará a tu favor.

-¿Y si no puedo?– Preguntó, ahora con temor.

-Con esta varita podrás. Es tu talismán. Te recordará siempre que eres siempre tú quien puede hacerte feliz.

Con estas palabras la hermana y los otros niños se alejaron correteando. El niño se quedó solo y silenciosos. Miró la varita y, con desgana, la movió en círculos tres veces.

Carlos se despertó esa mañana abruptamente. Cuando abrió los ojos una calma extraña embriagaba su cuerpo y mente. Recordaba todo con detalle y claridad. Se quedó unos minutos en silencio. No había una gota de miedo dentro de él. Estaba tan tranquilo que le resultaba extraño. No sabía cuantas horas había dormido. Encendió la luz que alumbró una tarjeta de felicitación dirigida a él. Hoy cumplía 48 años. Era de su hermana.




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Mercedes (02.12.2012 (21:13:18))
Yes No Rocio, gracias por compartir este cuento....
Me ha encantado es precioso, por favor continua escribiendo, no sabia esta faceta de ti.
No pares....
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concha (03.12.2012 (03:03:23))
Yes No El cuento esta muy bien. Has aprendido muy bien a escribir cuentos en muy poco tiempo. Como dice Mercedes sigue escribiendo.
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Silvia (03.12.2012 (10:33:27))
Yes No Rocío,es un cuento muy especial y me gusta que exista ese rayo de luz que te ayuda a encontrar el camino "Pura Vida" y tú lo narras muy bien.

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